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¿Quién asume los riesgos? Who assumes the risks?

La tragedia de la ultramaratón en China nos obliga a reflexionar sobre los riesgos en las carreras de montaña y las responsabilidades de todos los que participamos.

The tragedy at the ultramarathon in China forces us to reflect on the risks of mountain races and the responsibilities shared by everyone involved.

La tragedia de la ultramaratón de 100 km en China el pasado mes de mayo tomó al mundo del atletismo y de los ultramaratones por sorpresa y desde entonces hemos empezado a conocer información de lo ocurrido. Lo ocurrido en esta tragedia debe llevar a una reflexión por todos los que participamos en este tipo de eventos: corredores, organizadores y autoridades locales.

La ultramaratón de 100 kilómetros estaba organizada en la región de Gansu al norte de China, en una región montañosa y expuesta. El evento inició el sábado 22 de mayo a las 9 AM, con un clima levemente frío. Hacia la 1 PM el clima empezó a empeorar y llegó la lluvia con granizo y fuertes vendavales, que persistieron hasta aproximadamente las 5 PM. En este lapso, la mayoría de corredores se encontraban entre el kilómetro 21 y el 30, en una sección que incluía un ascenso de 1,000 metros que ocasionalmente requería el uso de las manos para poder ascender. Cuando los corredores encontraron un clima tan deteriorado, algunos decidieron dar la vuelta y regresar, mientras que otros lograron resguardarse. Entre ellos lograron ayudarse para llegar a un sitio seguro; sin embargo algunos sufrieron caídas por los fuertes vientos. Según algunos relatos, el viento era tan fuerte que era imposible caminar o mantenerse de pie.

Algunos corredores, seis en total, tuvieron la suerte de ser rescatados por un pastor que previamente había guardado raciones de comida en una cueva, en caso de que tuviese que resguardarse allí. Uno de los corredores rescatados, quien corría entre los líderes de la carrera, escribió en sus redes sociales cómo encontró el fuerte clima, usó el botón de emergencia en su GPS y se desmayó. Cuando se despertó, estaba en la cueva tras haber sido rescatado por este pastor. Los rescatistas llegaron a la cueva alrededor de las 11 PM.

Cuando terminó la operación de rescate, que empleó a unos 1,200 rescatistas y drones con sensores térmicos, las noticias fueron absolutamente terribles. 21 corredores murieron y 8 resultaron heridos o lesionados pero lograron recuperarse. La noticia no sólo se difundió rápidamente entre los medios dedicados al atletismo, sino entre los principales medios a nivel mundial.

La preparación lo es todo. Según la organización de la carrera, este era el equipo obligatorio previo a la salida:

  • Dorsal y chip de la carrera
  • Dispositivo GPS con la ruta de la carrera en archivo GPX
  • Linterna frontal
  • Reserva de agua de mínimo 1 litro
  • Silbato
  • Manta térmica
  • Teléfono celular

Adicionalmente, se recomendaron, aunque no eran obligatorios: bebidas con electrolitos y alimentos energéticos, gorra y gafas para el sol, vaselina, buff, bastones, chaqueta y kit de primeros auxilios.

Lo primero que todos debemos tener presente, tanto organizadores como autoridades locales y obviamente los corredores, es que una carrera de montaña, así no sea una ultramaratón, implica unos riesgos significativos que no se pueden ignorar y se deben observar desde la preparación. Los organizadores son los primeros que deben informar de la manera más explícita posible sobre el terreno y el clima que pueden esperar los corredores. Si bien hay predicciones climáticas con unos días de anticipación, no hay que confiarse; el clima en la montaña puede cambiar en cuestión de horas o incluso minutos. ¿Cuántos corredores se han preocupado por prepararse para un escenario extremo en donde las condiciones cambien de un momento a otro, tal como ocurrió en China? ¿Somos realmente conscientes de que la mayor parte de estas carreras toman lugar en áreas remotas donde probablemente no hay señal de celular y pueden pasar horas antes de que alguien se dé cuenta que un corredor necesita ayuda?

Hoy en día la mayoría de carreras exigen llevar una manta térmica como parte del material obligatorio. Pero donde fallan muchas veces los organizadores es en verificar que todos los atletas tengan ese material. El problema se complica cuando muchos corredores, que creen que llevar este material los hará más lentos por el peso adicional, lo presentan si hay una verificación antes de la carrera pero lo dejan al momento de salir. Los organizadores deben hacer un mayor esfuerzo para hacer chequeos aleatorios antes de la salida y durante el recorrido, y sancionar efectivamente a quienes no carguen el mínimo exigido. Los corredores debemos saber que el material mínimo obligatorio no se lleva para usarlo durante la carrera; se lleva para poder acudir a él en caso de una situación extrema.

El caso de la ultra en China llama la atención sobre un aspecto: un paso difícil, en ese caso un ascenso, que fue donde se encontraron las condiciones más adversas. En una sección de este tipo, las organizaciones deben prever tener personas con conocimiento para atender emergencias, con radios y teléfono celular, y con equipo y suministros para proporcionar ayuda. Los sitios más remotos deben tener un plan de evacuación para poder sacar rápidamente a quien así lo requiera, contemplando la posibilidad de evacuar a varias personas al mismo tiempo.

La preparación que requiere la organización de una carrera de montaña es significativa y tiene un costo que se verá reflejado en el valor de la inscripción. Ese valor debe reflejar que hay una preparación adecuada para cualquier eventualidad. Carreras como El Cruce o Ultra Trail Du Mont-Blanc tienen un costo de inscripción de cientos de dólares, pero que se ven bien invertidos con la cantidad de ayudas a los corredores antes, durante y al finalizar el recorrido, incluyendo helicópteros en caso de evacuación de emergencia.

Esto no quiere decir que todas las carreras de montaña deben tener un helicóptero disponible en todo momento. Cada carrera es diferente y las condiciones varían en función de muchos factores. Pero sí debe haber un llamado de atención para hacer una planeación y un análisis de riesgos más exhaustivo con planes de contingencia para diferentes escenarios. Cada persona en la organización debe tener claridad en sus responsabilidades y en la manera de actuar ante diferentes tipos de eventualidades.

Si bien una gran parte de la responsabilidad recae sobre los organizadores, los corredores también debemos asumir nuestra parte. Lo primero es preguntarnos si estamos preparados físicamente para el reto de una carrera de montaña y si tenemos el conocimiento de las condiciones que podemos esperar y qué hacer en caso de una emergencia. No podemos dejar de lado la responsabilidad de llevar el material mínimo obligatorio y de actuar de manera prudente ante situaciones fuera de lo común. Hay que recordar que aunque le damos mucha importancia a la competencia y a los buenos resultados, lo primero es cuidar la seguridad propia y la de otros competidores.

Este trágico evento debe obligarnos a tomar un momento de pausa para evaluar los riesgos en las carreras de montaña, sin importar la distancia. Una ultramaratón supone que estamos expuestos a esos riesgos durante mucho más tiempo que las carreras más cortas, lo que sumado al cansancio y al desgaste mental aumenta los factores de riesgo. Es un momento para evaluar si la preparación en todos los frentes es la adecuada, y ojalá nunca se registre una noticia tan mala como la ocurrida en mayo en China.

The tragedy at the 100 km ultramarathon in China last May caught the athletics and ultrarunning world by surprise, and since then we have been learning more about what happened. This tragedy calls for reflection from everyone involved in these types of events: runners, race organizers, and local authorities.

The 100-kilometer ultramarathon was organized in China's Gansu region in the north of the country, in a mountainous and exposed area. The event started on Saturday, May 22 at 9 AM under mildly cold conditions. Around 1 PM, the weather began to deteriorate sharply — rain, hail, and strong gale-force winds arrived and persisted until approximately 5 PM. During that window, most runners were between kilometer 21 and 30, on a section that included a 1,000-meter climb that occasionally required using hands to ascend. Faced with such brutal conditions, some runners turned around and headed back, while others managed to find shelter. Some helped each other reach safety, though a few suffered falls from the powerful winds. According to some accounts, the wind was so strong it was impossible to walk or stay upright.

Six runners were fortunate enough to be rescued by a shepherd who had previously stashed food rations in a cave in case he ever needed shelter there. One of the rescued runners, who had been running near the front of the race, wrote on social media how he encountered the extreme conditions, activated the emergency button on his GPS, and lost consciousness. When he woke up, he was in the cave after being rescued by the shepherd. Rescue teams reached the cave around 11 PM.

When the rescue operation concluded — involving roughly 1,200 rescuers and drones equipped with thermal sensors — the news was devastating. 21 runners died and 8 were injured but survived. The story spread quickly not only through athletics media but across major news outlets worldwide.

Preparation is everything. According to the race organization, the following mandatory gear was required at the start:

  • Race bib and timing chip
  • GPS device with the race route in GPX format
  • Headlamp
  • Minimum 1 liter of water
  • Whistle
  • Emergency thermal blanket
  • Mobile phone

Additionally recommended, though not mandatory: electrolyte drinks and energy food, sun hat and glasses, petroleum jelly, buff, trekking poles, a jacket, and a first aid kit.

The first thing we all need to keep in mind — organizers, local authorities, and runners alike — is that a mountain race, even one that isn't an ultramarathon, carries significant risks that cannot be ignored and must be addressed from the preparation phase. Organizers have the primary responsibility to communicate as explicitly as possible the terrain and weather conditions runners can expect. While weather forecasts are available days in advance, they should never be relied on blindly; mountain weather can change within hours or even minutes. How many runners have actually prepared themselves for an extreme scenario where conditions shift suddenly, as they did in China? Are we truly aware that most of these races take place in remote areas with no cell signal, where hours can pass before anyone realizes a runner needs help?

Most races today require runners to carry a thermal blanket as part of their mandatory gear. But where organizers often fall short is in verifying that every athlete actually has that equipment. The problem is compounded when runners — believing the extra weight will slow them down — present the gear for any pre-race check but leave it behind at the start. Organizers must make a greater effort to conduct random checks before the start and during the race, and to effectively penalize those who don't carry the minimum required gear. Runners need to understand that mandatory gear isn't carried to be used during the race — it's there in case of an extreme situation.

The China ultramarathon also highlights a specific concern: a difficult section — in this case a long climb — where the harshest conditions converged. On sections like these, where the probability of an emergency is higher, organizers should have trained personnel on-site with radios and mobile phones, and with equipment and supplies to provide assistance. The most remote sections must have an evacuation plan capable of quickly getting runners out in a medical emergency — and one that accounts for the possibility of evacuating multiple people simultaneously.

Organizing a mountain race requires significant preparation, and given factors like race length, distance from urban centers, and number of participants, it carries costs that will be reflected in the entry fee. That fee should reflect that adequate preparation exists for any eventuality. Races like El Cruce or the Ultra-Trail du Mont-Blanc charge entry fees in the hundreds of dollars, but those costs are well justified by the level of support provided before, during, and after the race — including helicopters available for emergency evacuations.

This doesn't mean every mountain race needs a helicopter on standby at all times. Each race is different and conditions vary depending on many factors. But there needs to be a clear call to action for more thorough risk analysis and contingency planning across different scenarios. Every person on the organizing team must understand their specific responsibilities and know how to respond to different types of emergencies.

While a large portion of the responsibility falls on organizers, runners must also own their share of it. The first question to ask is whether we are physically prepared for the challenge of a mountain race and whether we understand the conditions we may face and what to do in an emergency. We cannot set aside the responsibility of carrying mandatory gear and acting prudently when things go wrong. We must remember that as much as we care about competition and results, the priority is always the safety of ourselves and our fellow competitors.

This tragic event must force us to pause and evaluate the risks in mountain races, regardless of distance. An ultramarathon means exposure to those risks for far longer than shorter races, and combined with fatigue and mental wear, the risk factors multiply. It is a moment to assess whether preparation on all fronts and from all parties is truly adequate — and hopefully, we will never again see news as devastating as what happened in China in May.

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